desamor

El Lunero

8:30


Me llaman por celular. Era mi amiga Pepa quien lo hacía. Cuando escuché su voz, dudé que fuera ella. Claro, hablaba con voz entre cortada por un llanto que hace mucho tiempo no escuchaba. Lo presentí y acerté, alguna cagaita se había mandado el lunero.

Pepa hace seis meses que había conocido a su lunero (apodo que luego explicaré). La verdad que era el primer pololo que le conocía a mi amiga que no fuera el típico ñoño. Era simpático, bueno para carretear, pero todo en su justa medida. Ideal para mi amiga para que se despeinara un poco y, por qué no decirlo, para que se tirara su canita al aire, que hace harto rato no lo hacía.

Ella andaba feliz, irradiaba seguridad, belleza… bueno, me imagino que el lunero hacía muy bien su pega en el ring de cuatro pernos. Es que no hay nada más gratificante que ver a una amiga feliz después de tantos pasteles fomes.

Pasaron los meses, y el lunero comenzó a comportarse despreocupado, con agenda ocupada, bueno para jugar play con los amigos y fanático de ver todos los partidos de futbol que dan los fines de semana. Pepa por su parte reaccionó comprando una parrilla a gas, la más grande, con el suficiente espacio para asar una baca entera. Así lunero haría las tardes deportivas con ella, en su departamento y con todos los amigos que él quisiera invitar. “Total en todas las relaciones hay que ceder y, la verdad, es que no es malo ceder un poco de mi espacio para que lunero se sienta a gusto”, pensó Pepa.

No hubo parrilla que aguantara, ni horas frente al televisor aguantando ver tres partidos de fútbol seguidos (ni siquiera el baile calentón con disfraz incluido).

Estaba declarado, el lunero andaba extraño. La Pepa comenzó a fijarse en más detalles. “Sí hueona, definitivamente me están cagando”, “siempre me pasa lo mismo”, “son todos iguales”, “no me llama, lo tengo que hacer yo”. Frente a ello, le decía que mientras no hubiese prueba, ella sería la loca, la pasa rollos, la que debe ir a un sicólogo, la perseguida, la cuática, etc.

Con la Pepa comenzamos a cuartear por Facebook al lunero. ¿En qué estás? “Me encanta la luna”. ¿En qué estás pensando? “Luna llena, sólo para mí”.

Le pregunté a mi amiga si el lunero tenía aires de poeta, cosa que no me cuadraba con su personalidad, o quizás le gustaba la astrología. Nada. Pasaron los días y seguía haciéndole ritos a la luna.

Aquel día, la Pepa se fue a acostar con una espina, con esa sensación de angustia como presintiendo lo peor. Estaba quedándose dormida, y ¡suacata!, dio un salto de su cama y prendió su computador. Se fue directo al muro de Facebook del lunero, luego presionó “Amigos” y en buscar, comienza a escribir LUN… Y allí está. Resaltó sólo un amigo. ¿Qué amigo puede tener un nombre o apellido que empiece con LUN?

Esther Luna: Soltera. Chilena. Pto Montt-Chile…

Pepa hizo un racconto y vinieron a su memoria las palabras: “De la pega me mandaron a Puerto Montt por dos días, qué lata”, “Amor te llamo cuando llegue a Puerto Montt”, “No te llamé, me quedé dormido, con el viaje me cansé…”
Mientras recordaba todos los episodios que en ese momento se convirtieron en una nube de mentiras, Pepa miraba estupefacta la imagen de esta “satélite”, de la sureña que le había robado todas las conjunciones de su amado.  

Así quedó Pepa, desilusionada, humillada, sin pololo… pero con una parrilla gigante, con la cual aprendió a hacer los mejores asados del mundo.

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4 comentarios

  1. jajaja pobrecita la mina!

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  2. Pffff. no entiendo por qué no dan la cara... siempre mintiendo!!!!

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  3. de estos si que sobran... son de los que dicen; no eres tu! soy yo!... cara de raja el astrologo!

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  4. Así de pelotudos somos los hombres….de todas maneras cumplí con lo que siempre me pidieron que no hiciera.

    Atte.

    El Lunatico….

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