compromiso

¿Se me pasó el tren?

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El universo a veces envía señales confusas: pasé los treinta y todo mi entorno ya está casado, o al menos le pidieron matrimonio. Mi situación actual sigue siendo soltera, pero digna. 

Es heavy cuando te detienes a observar cómo ha pasado el tiempo; los tiernos veintes fue la etapa que más rápido pasó, y con su partida se fueron todas las esperanzas que tenía de un futuro como el que todos esperan: un pololo locamente enamorado de mí, que quiera pasar la vida a mi lado. Con suerte he logrado la parte del pololo… ¿Locamente enamorado? Depende del día, y lo del matrimonio ni siquiera ha salido como talla. 

Parece que algunas nacimos para ser tías: la tía solterona buena pal copete, la amiga cacho de las citas a ciegas, la Bridget Jones del grupo. 

Pero hoy me preocupé en serio. Porque creo que para este año tengo más de 5 matrimonios a los que estoy invitada, y mi misión es que se me pegue el espíritu santo, o definitivamente, convencerme de que se me pasó el tren

Mi papá siempre me pregunta: “hija, ¿cuándo se va a casar?”. Yo no puedo evitar pensar si él cacha que para tener marido primero tengo que lograr tener un pololo estable. Y cuando digo estable me refiero a un weón que me dure más de dos años, o al menos un tipo que valga la pena. 

Dicen que cuando conoces al indicado lo sabes, es como algo inmediato. ¿Será que uno se proyecta mentalmente y se imagina con el vestido blanco caminando por un pasillo de flores? La verdad es que no lo sé, porque soy de las que sufre enamoramientos espontáneos y claramente mi radar de “hombre indicado” está defectuoso. 

Dejo abierta la opción para que me inviten a su matrimonio, mientras más mejor, a ver si tengo suerte y agarro el ramo.

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